Sólo ellas

A la mayoría de las mujeres nos encantan las flores. Nos gustan como complemento de decoración. Nos gustan por su aroma. Nos gustan como acompañantes de un largo y relajante baño y, sobre todo, aunque la mayoría de nuestras parejas no se “quieran enterar”, nos gusta que nos las regalen.

La cuestión es que las mujeres y las flores tenemos una relación especial. Pero nunca había pensado en las flores como acompañante de un plato, ¡¡incluso como un plato!! Mirando y mirando he descubierto que hay muchas recetas en las que están incluidas. Sobre todo en ensaladas. Pero buceando en esta inesperada curiosidad descubrí una manera muy original de dar un toque especial a tus menús: Cubitos de hielo con flores…

La verdad es que más sencillo y más vistoso no puede ser. No hace falta que expliquemos cómo hacerlo ;) Pero os incluimos unas fotos de los resultados para inspiraros. Nosotras nos liamos la manta a la cabeza y además de flores, hicimos cubitos con frutas del bosque, con hierbabuena, con cáscara de lima e incluso unos con endrinas para los gintonics… Todo el mundo quedó sorprendido.

hielos de flores

hielos de flores

Os invitamos a experimentar y mandarnos alguna fotito de cómo os quedan vuestras combinaciones. En la decoración la imaginación no tiene límites, y en leduet nos encanta compartir y descubrir nuevas ideas.

¡¡¡Feliz Semana Santa!!!

S.Lasal

Desayuno en “La montaña mágica”

Las obras literarias nos proporcionan muchas referencias gastronómicas, por lo que la literatura clásica es una fuente inagotable para conocer las costumbres de nuestros antepasados en cuanto a lo que a la mesa se refiere. Sabemos que nuestros abuelos, en general, comían mucha más cantidad que nosotros, y buena prueba de ello es el desayuno que describe Thomas Mann en La montaña mágica.

Cuando Hans Castorp va a visitar a su primo Joachim al sanatorio de Davos, en plenos Alpes suizos, se queda asombrado de la alimentación que allí se suministraba:

“…dejaron los abrigos en el guardarropa, a la entrada del comedor. Luego entraron en la sala clara, de techo ligeramente abovedado, donde bordoneaban las voces, sonaba la vajilla y las criadas iban y venían llevando tazones humeantes… Hans Castorp se sentó y observó con satisfacción que el desayuno se consideraba una comida importante. Había tarros de mermelada y miel, bandejas de arroz con leche y flor de avena, platos de huevos duros y fiambre. La mantequilla figuraba en abundancia. Alguien alzó una campana de vidrio bajo la que rezumaba un queso de Gruyère para cortar un pedazo. Un frutero con frutas frescas y secas se alzaba en el centro de la mesa. Una criada vestida de blanco y negro preguntó a Hans Castorp qué deseaba tomar: cacao, café o té…”

Ciertamente, este desayuno tampoco es muy distinto a los que tomamos cuando vamos a esquiar y necesitamos una buena dosis de energía para aguantar todo el día en las pistas.

Si no habéis leído el libro, os lo recomiendo, aunque os advierto que son casi mil páginas de buena literatura.

P. Delíber